El Trial de los Trialistas, celebrado el 26 de mayo de 1969, fue una prueba singular dentro del calendario de la temporada, concebida como un encuentro especialmente orientado a los propios practicantes de la disciplina. Más allá de la competición estricta, este tipo de pruebas ponían el acento en la participación, la convivencia y el intercambio de experiencias entre pilotos, reflejando el carácter cercano y casi familiar que definía al Trial de finales de los años sesenta.
La denominación de la prueba sugiere un formato pensado por y para los trialistas, en el que la pasión por la especialidad primaba sobre la rivalidad, sin renunciar por ello a zonas exigentes y a un recorrido técnicamente interesante. Estas jornadas permitían poner a prueba las motocicletas y las habilidades de los pilotos en un ambiente menos formal, pero igualmente comprometido con los valores del Trial: control, equilibrio y respeto por el terreno.
El Trial de los Trialistas se inscribe así dentro de una época en la que el Trial catalán se consolidaba tanto a nivel deportivo como social, fortaleciendo los lazos entre pilotos, equipos y aficionados, y contribuyendo al crecimiento y difusión de la especialidad en Cataluña.










