La provincia de Girona acogió una nueva cita del calendario catalán de Motocross en plena etapa de crecimiento de esta especialidad. La prueba reunió a pilotos regionales y nacionales en un circuito de terreno natural, con subidas cortas, curvas cerradas y zonas de tierra suelta que, tras las primeras mangas, quedaron marcadas por profundas roderas.
La participación incluyó monturas de las principales marcas nacionales, especialmente Bultaco y Montesa, que en esos años mantenían una intensa rivalidad técnica y deportiva en la categoría de 250 cc y superiores.
El trazado exigía buena salida y regularidad. Las mangas fueron disputadas, con frecuentes cambios de posición en las primeras vueltas, antes de que el ritmo se estabilizara. El polvo y el desgaste físico jugaron un papel importante en el desarrollo de la jornada.
Aunque no fue una prueba mundialista, el Motocross de Girona de mayo de 1967 formó parte del consolidado calendario catalán, contribuyendo a la proyección de jóvenes pilotos y al perfeccionamiento de las nuevas mecánicas en condiciones reales de carrera.


































