Joel Robert (26 de noviembre de 1943 – 13 de enero de 2021) fue uno de los grandes referentes del Motocross mundial y una de las figuras más influyentes en la historia de este deporte. El piloto belga compitió en el Campeonato del Mundo de Motocross desde 1962 hasta 1976, una etapa clave en la que esta disciplina experimentó un crecimiento espectacular en popularidad y proyección internacional.
Dotado de un talento natural excepcional, Robert destacó desde muy joven por su técnica depurada, su sensibilidad sobre la moto y una inteligencia competitiva fuera de lo común. Con apenas 21 años se proclamó Campeón del Mundo de Motocross en la categoría de 250cc, convirtiéndose en uno de los campeones más jóvenes de la especialidad. Su primer título llegó en 1964 defendiendo los colores de la marca checoslovaca CZ, con la que consolidó su dominio en la cilindrada.
A lo largo de su carrera conquistó un total de seis Campeonatos del Mundo FIM de 250cc y sumó 50 victorias en Grandes Premios, cifras que lo situaron en la élite histórica del Motocross internacional. Tras sus títulos con CZ, Robert volvió a coronarse campeón en 1968 y 1969 antes de iniciar una nueva etapa con Suzuki. Con la marca japonesa alcanzó una segunda época dorada, logrando tres títulos mundiales consecutivos más y reafirmando su condición de leyenda del deporte.
Su estilo combinaba elegancia y eficacia. No necesitaba una conducción agresiva para marcar diferencias, su fluidez en las trazadas y su extraordinaria capacidad para leer el terreno le permitían mantener un ritmo altísimo con una aparente facilidad. En una época en la que el Motocross comenzaba a profesionalizarse y a expandirse fuera de Europa, Joel Robert fue uno de sus grandes embajadores.
El 6 de abril de 1974, en plena etapa de madurez deportiva, Joel Robert visitó el Departamento de Carreras de Bultaco. Su presencia en las instalaciones de la firma catalana reflejaba la conexión entre las grandes figuras internacionales del Motocross y la industria motociclista europea, en un momento en el que las marcas buscaban evolucionar técnica y competitivamente para mantenerse en la primera línea mundial.
Aquella visita simbolizaba no solo el reconocimiento hacia un piloto de talla mundial, sino también el intercambio de conocimiento y experiencia que definía la era dorada del Motocross de los años setenta.





