A finales de septiembre de 1970, el emblemático Circuito urbano de Montjuïc en Barcelona volvió a vestirse de gala para recibir al Gran Premio de España de Motociclismo, que cerraba la temporada del Campeonato Mundial de Velocidad de aquel año.
A lo largo del fin de semana, las carreras se disputaron en varias cilindradas del Mundial (incluidas 50 cc, 125 cc, 250 cc, 350 cc y 500 cc), con pilotos internacionales que buscaban cerrar el año con un buen resultado en suelo español.
El GP de España no solo significaba puntos valiosos para la clasificación de pilotos y fabricantes, sino también una oportunidad para que el público barcelonés disfrutara de primera mano del motociclismo más rápido del planeta en un entorno urbano espectacular.























