A partir de 1967, el Trial inició una etapa de expansión decisiva en Cataluña, consolidándose progresivamente como una disciplina de referencia dentro del motociclismo.
Su creciente popularidad atrajo a un número cada vez mayor de aficionados y pilotos, dando lugar a la organización de pruebas, entrenamientos y encuentros que contribuyeron a arraigar esta modalidad en el territorio catalán.




















