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Por fin!!! Por fin hemos podido visitar el Museo de la Moto.
Entre algún problemilla de salud, triales y demás compromisos, llevaba más de un año retrasando la visita. Finalmente, durante el evento celebrado el 13 de diciembre en la Masía San Antonio, me comprometí con los hermanos Lozano para realizar la visita al Museo el primer fin de semana del 2026 que pudiéramos… y así ha sido.
Mercè y yo cogimos un AVE el pasado viernes 16 de enero y nos desplazamos a Madrid. Allí alquilamos un coche y pusimos rumbo a Alcalá de Henares.


Nos recibió Rafa Lozano y aún siento un cosquilleo en el estómago al recordar la exposición de Bultaco en el Hotel Alcalá. Tal como le dije a Rafa, solo faltaba que me pusiera una cama entre las motos y me quedaba a vivir allí, entre ellas.

Pero esto solo acababa de empezar. Saliendo del hotel y todavía asimilando lo que habíamos visto… ¡ZASCA! Rafa nos llevó a su taller de restauraciones y, para describirlo, solo puedo usar una palabra: BRUTAL.
Cenamos juntos los cuatro, Rafa, Ana (su esposa), Mercè y yo, y quedamos a las 10 de la mañana del sábado para visitar el Museo.

Y como no hay dos sin tres…
Aún siento el eco de esa mañana en mi memoria, como si cada explicación de los hermanos Lozano, Rafa y Luis, y de José Antonio Eguía siguiera vibrando en mi interior.
Cruzar las puertas de la Antigua Fábrica GAL, el espacio que acoge el Museo de la Moto “Made in Spain” en Alcalá de Henares, fue mucho más que una simple visita cultural. Porque sí, este museo es cultura, pero también es un viaje por la historia, la pasión y la identidad de un país sobre dos ruedas.
Desde el primer paso dentro de la antigua fábrica rehabilitada, hoy santuario del motociclismo de nuestro país, supe que estaba a punto de vivir algo especial.
Se nos unió el buen amigo trialero José Franqueira y empezamos la visita.















Con más de 300 motocicletas en exposición, el Museo no es un simple escaparate de motos antiguas, sino un relato vibrante del corazón industrial y humano que movió a generaciones enteras.
Lo que más me impactó al llegar fue el orden, la organización y la sensación de estar entrando en el paraíso de quienes tenemos las motos como símbolo de nuestra identidad. Aquí no hay pasión por una marca concreta, hay pasión por las motos y por aquellos emprendedores e ingenieros que, con los humildes medios de la época, dieron forma a máquinas que pronto se convirtieron en sueños de libertad.
Rafa, Luis y José Antonio nos explicaban una a una las anécdotas y peculiaridades de cada moto. A cada paso, mi mirada se detenía en un modelo distinto, desde las primeras motocicletas, con diseños adaptados a su tiempo, hasta las más conocidas por todos, como las Bultaco, Montesa, OSSA, Derbi o Puch, cada una con sus propios modelos y su contexto histórico y social.
Verlas reunidas allí, tan cerca, era, como dice a menudo mi nieto cuando algo le gusta mucho, “es muy satisfactorio”. Y estoy seguro de que quienes habéis estado en el Museo sabéis perfectamente de qué hablo.
Otra de las partes más chulas es la exposición temporal dedicada a Repsol, y el homenaje a los grandes pilotos y a las motos campeonas que llevaron nuestro motociclismo a la gloria. Recordar victorias legendarias, ver cascos, botas, guantes y monos usados en carreras épicas, y leer sobre las gestas de figuras que marcaron a toda una generación, no tiene precio.



Poco más que añadir, solo una recomendación: si os gustan las motos, buscad un fin de semana para visitar el Museo. No os arrepentiréis.





Después de más de cuatro horas recibiendo inputs muy agradables, el espectáculo aún no había terminado. Los hermanos Lozano nos llevaron a su colección privada de motos y lo que vi allí es sencillamente inexplicable: cientos y cientos de motos de todo tipo y de muchas marcas, todas con un denominador común… todas hechas en nuestro país. Colecciones enteras de modelos tan emblemáticos como las Sherpa, Pursang, Cota, Capra, todas las OSSA e infinidad de modelos. Simplemente ESPECTACULAR!








Cuando llegó el momento de marchar, el pequeño nudo que tenía en el estómago me indicaba que me llevaba conmigo algo más que recuerdos y una emoción viva, me llevaba la satisfacción de haber conocido a unos hermanos y con ellos, a un equipo de personas, que me han dejado un pedazo de historia, su historia, adherida al corazón.
Le comentaba a Rafa y a Luis… me daís a elegir cualquier moto de las que tenéis en la colección y a que no sabéis con cuál me quedaría?
Con ninguna! Porque prefiero quedarme con vuestra amistad y sabiduría, que es lo mejor que me ha podido suceder de este encuentro con vosotros.
Fuimos a comer y a visitar Alcalá de Henares…


… y, ya por la tarde, nos detuvimos un rato más en el Museo, esta vez solos, volviendo a disfrutar de todo lo que habíamos escuchado y aprendido por la mañana.

¡Volveremos, seguro!
El domingo nos levantamos y, después de desayunar frente al Museo, Rafa nos presentó a Juanjo Blanco, director del Museo. La conversación fue tan amena que no encontrábamos el momento de ponerle fin, hasta que caímos en la cuenta de que debíamos hacer el check-out del hotel o corríamos el riesgo de encontrarnos las maletas en la calle.
Emprendimos el regreso a Barcelona, invirtiendo el trayecto del viernes.


Fin de semana memorable.