A finales de 1973 estalló la primera crisis del petróleo, un acontecimiento que marcaría un punto de inflexión para la economía y la industria del automóvil. Sin embargo, cuando se celebró el Salón del Automóvil de 1973, nadie podía prever todavía el alcance real de aquella crisis ni el inicio de una nueva etapa.
La magnitud del cambio que se avecinaba resultaba entonces impensable y, por ese motivo, el Salón se desarrolló con absoluta normalidad, reflejando aún un clima de confianza y continuidad previo a una transformación profunda del sector.







