El 20 de marzo de 1977, la ciudad de Figueres, capital de la comarca del Alt Empordà, Girona, acogió una destacada prueba de Motocross dentro del calendario catalán, en una época de gran auge de esta disciplina.
La carrera se disputó en el conocido circuito de Els Arcs, un trazado natural situado en las afueras de la población, muy apreciado por los aficionados de la zona.
El terreno presentaba características típicas del Empordà: suelo duro con capa superficial suelta, tramos rápidos que exigían decisión, curvas técnicas donde la trazada era clave y zonas bacheadas que se iban acentuando con el paso de las mangas.
A lo largo de la jornada, el circuito se fue degradando, generando roderas y aumentando la dificultad para mantener un ritmo constante.
La prueba reunió una amplia inscripción, estructurada en las categorías habituales. Esta diversidad reflejaba la buena salud del Motocross catalán, con una base sólida de pilotos en formación y una categoría reina de gran nivel.
El ambiente fue muy animado desde primeras horas, con público local y equipos desplazados desde distintos puntos de Cataluña. El paddock ofrecía una imagen muy representativa de la época, con presencia destacada de marcas nacionales.
Una jornada que, sin grandes focos internacionales, formó parte esencial del tejido deportivo que impulsó el Motocross en aquella época.





































































































