Cualquier excusa era buena para reunirse en San Antonio. Aquel 28 de marzo de 1975, la Masía se convirtió una vez más en punto de encuentro.
Don Paco Bultó, figura clave del motociclismo español y alma inquieta allí donde las motos tenían algo que decir, llegó con esa mezcla de entusiasmo contagioso y mirada visionaria que lo caracterizaba. A su lado, junto a su nieto, un jovencísimo Sete Gibernau absorbía cada palabra y cada gesto, como quien empieza a intuir que su futuro también se escribiría sobre dos ruedas.
En aquel ambiente cercano y casi familiar se respiraba algo más que afición, se respiraba legado. Ese día no hubo grandes discursos ni actos oficiales, pero sí algo más importante: la transmisión de una manera de entender las motos y la vida.
Porque en 1975, como tantas otras veces, cualquier excusa era buena para reunirse en San Antonio y para hacer historia sin saberlo.





































