Sammy Miller consideraba Cataluña como su segunda residencia, un territorio al que regresaba con frecuencia y en el que se sentía profundamente vinculado tanto a nivel personal como deportivo.
Esta cercanía le llevó a participar de manera constante en exhibiciones y demostraciones por todo el territorio catalán, contribuyendo decisivamente a la difusión y popularización del trial entre el gran público.
En una de esas ocasiones, Sammy actuó en el entorno de Sant Llorenç del Munt, un escenario cargado de simbolismo para la historia de la disciplina. No en vano, este paraje fue la cuna de los primeros campeonatos de Trial, inicialmente de ámbito europeo y, más tarde, de carácter mundial.
La presencia de una figura de su talla en un lugar tan emblemático reforzó el prestigio de la zona y subrayó el papel fundamental de Cataluña como uno de los epicentros internacionales del Trial.

























