Los primeros Triales de San Antonio se vivían como una auténtica celebración en el seno de la familia Bultaco.
Más allá de la competición, aquellas jornadas reunían a pilotos, mecánicos, amigos y aficionados en un ambiente marcado por la camaradería y la pasión compartida por el motociclismo.
La finca se transformaba en un punto de encuentro donde el deporte, la innovación técnica y la convivencia se entrelazaban, reflejando el espíritu familiar y entusiasta que caracterizó los inicios del Trial en Cataluña.





