El circuito urbano de Montjuïc, en Barcelona, volvió a convertirse en el gran escenario del motociclismo internacional el 30 de abril de 1967, con la disputa del Gran Premio de España de Velocidad. Miles de aficionados se repartieron por las laderas del trazado, creando una atmósfera única, marcada por el ruido constante de los motores, la tensión de la competición y el ambiente festivo propio de la época.
Desde primeras horas de la jornada, el paddock mostraba una intensa actividad. Equipos y pilotos ultimaban los detalles antes de salir a un circuito tan exigente como espectacular, donde cualquier error podía tener consecuencias decisivas.
Las distintas cilindradas ofrecieron carreras muy disputadas, con dominio de las grandes marcas y una lucha cerrada entre los principales nombres del mundial.
En la categoría de 50cc, la victoria fue para el neerlandés Paul Lodewijkx, que sorprendió con un ritmo sólido y constante, imponiéndose en una prueba muy igualada.
En 125cc, el triunfo correspondió al británico Bill Ivy, que volvió a demostrar su velocidad y regularidad, confirmándose como uno de los pilotos más fuertes de la temporada.
En 250cc, la carrera fue para su compañero y gran rival Phil Read, consolidando el dominio británico en la categoría intermedia y ofreciendo un nuevo duelo de alto nivel dentro del equipo.
Finalmente, en la categoría reina de 500cc, el italiano Giacomo Agostini impuso su autoridad con la MV Agusta, reafirmando su condición de referencia absoluta del motociclismo mundial.
El público despidió la jornada con entusiasmo y reconocimiento, consciente de haber presenciado una de las grandes citas del calendario en un circuito tan mítico como exigente. Montjuïc, una vez más, ofreció espectáculo, emoción y una nueva página para la historia del motociclismo.