El Motocross de Olot del 17 de octubre de 1976 se celebró en un entorno privilegiado para la práctica de esta disciplina, en una jornada marcada por la lluvia constante y el barro, factores que endurecieron notablemente el desarrollo de la prueba. Todo indica que se trataba de una competición de 125cc, concretamente del Trofeo Nacional Junior, una cilindrada especialmente técnica y espectacular, donde la ligereza de las monturas y la precisión en la conducción resultaban decisivas.
Olot, capital de la comarca de La Garrotxa (Girona), se caracteriza por su singular paisaje volcánico, con terrenos irregulares, desniveles naturales y suelos de composición variada. Estas particularidades geográficas ofrecían un escenario ideal para el Motocross, aunque en esta ocasión la climatología transformó el circuito en un trazado pesado y resbaladizo, obligando a los pilotos a extremar su habilidad y resistencia.
El barro condicionó tanto la trazada como el rendimiento mecánico de las motocicletas, haciendo que la regularidad y la capacidad de mantener el equilibrio fueran determinantes. Las mangas se disputaron en condiciones exigentes, con continuos derrapes, dificultades en las subidas y un desgaste físico considerable.
El Motocross de Olot quedó así asociado a una de esas jornadas típicas del Motocross setentero, donde la dureza del terreno y la meteorología convertían cada vuelta en un auténtico desafío, resaltando el espíritu combativo de los pilotos de 125cc.



































































