CAMPEONATO DE ESPAÑA DE VELOCIDAD 1977

La localidad barcelonesa de Martorelles volvió a convertirse el 11 de septiembre de 1979 en uno de los centros neurálgicos del motociclismo español con la celebración de una nueva prueba puntuable para el Campeonato de España de Velocidad. El trazado urbano, situado en una zona profundamente vinculada a la historia de Derbi y del motociclismo catalán, reunió a numerosos aficionados que acudieron para seguir de cerca a los principales protagonistas del certamen nacional.

La temporada estaba entrando en su fase decisiva y muchos de los títulos comenzaban a perfilarse. Ricardo Tormo llegaba como gran referencia en las categorías de menor cilindrada tras una campaña excepcional, mientras que Benjamín Grau mantenía una intensa lucha por las posiciones de honor en las cilindradas superiores. Ambos acabarían conquistando los campeonatos nacionales de 1979, confirmando el dominio que ejercieron durante toda la temporada.

Las estrechas calles de Martorelles ofrecieron una vez más el ambiente característico de las carreras urbanas de la época. Miles de espectadores se situaron a escasos metros de los pilotos, separados únicamente por pacas de paja y vallas metálicas, en una imagen que hoy resulta casi irrepetible. La cercanía entre público y competición convertía cada frenada y cada adelantamiento en un auténtico espectáculo.

La prueba tuvo además un significado especial para la afición catalana, ya que Martorelles estaba íntimamente ligada a la historia de Derbi. La presencia de las máquinas de la marca del Vallès y de algunos de los mejores pilotos nacionales añadía un atractivo extra a una jornada marcada por la velocidad y la rivalidad deportiva. El circuito urbano volvió a demostrar por qué era una de las citas más apreciadas del calendario español.

En una temporada en la que Ricardo Tormo confirmó su condición de gran dominador de las categorías pequeñas y Benjamín Grau volvió a exhibir toda su experiencia en las cilindradas superiores, la cita de Martorelles constituyó un nuevo capítulo de aquella brillante generación de pilotos españoles que mantenía al motociclismo nacional entre los más competitivos de Europa.

Hoy, las imágenes conservadas de aquella jornada tienen un valor especial. Reflejan una época en la que los campeonatos nacionales llenaban las calles de pueblos y ciudades, acercando el motociclismo a miles de aficionados y permitiendo contemplar de cerca a pilotos que acabarían convirtiéndose en leyendas de este deporte.