Porque es todo un SEÑOR, por su manera de estar en el mundo, de actuar y de tratar a los demás. Pero, sobre todo, porque es un amigo incondicional: de los que nunca fallan, de los que están en los momentos buenos y, aún más, en los difíciles. De los que escuchan sin juzgar, apoyan sin pedir nada a cambio y caminan a tu lado con lealtad y respeto. Tenerlo cerca es un privilegio y una fortuna que agradezco cada día.